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Carta de Karina

Karina Hernández Ortega (Jaén)

Voluntaria en el proyecto de Pueblo Viejo, República Dominicana.

8 de junio de 2004

No entiendo que aunque las elecciones sean en domingo no haya clases durante dos semanas para “preparar” los colegios electorales.

No entiendo que una joven pueda estar pensando dejar la universidad por “asegurarse” un futuro junto a un hombre, aunque se convierta en la segunda.

No entiendo el escandaloso gasto de los partidos políticos en las caravanas electorales engañando a los cientos de personas que participan a cambio de un miserable puñado de pesos.

No entiendo que ya esté sudando a las 7 de la mañana y que en Agosto pueda hacer más calor.

No entiendo los cortes de luz y la falta de agua.

No entiendo...

Pero sí que entiendo que hay que darle descanso a la masa gris, que a lo mejor no hay que intentar entenderlo todo sino más bien “ver” las cosas desde otra perspectiva y entender con ese otro músculo que mi Padre me regaló acompañado de mi padre para que lo cultivara. Y así desde este nuevo ángulo este tiempo en Pueblo Viejo ha sido un disfrutar...

...de la vuelta a casa después de misa cogida de la mano de Miguel. En la penumbra de la calle se ve una bonita pareja de flaquitos, en realidad él es monaguillo y yo... ¡podría ser su madre!

...de los deliciosos sabores dominicanos: los primeros mangos maduros que nos regala Ministro, las habichuelas con coco de Yokasta, el moro con güandules de Venire,...

...de las enseñanzas de Agramonte, Francisco, Milciades, Cesáreo, Panchito, Yosiris.... cuando en cada visita convierten la cárcel en una escuela para mí.

...de los rosarios con Bienva y el grupo de mujeres que diariamente lo rezan pidiendo con la misma fe que se acabe la guerra de Irak o que la capilla que se está construyendo en su campito tenga campanario.

...del fresco de la noche en el patio de la casa, a la luz de la luna y de millones de estrellas, mientras las vecinillas nos deleitan con la última coreografía de David Bisbal o nos cantan la bachata de moda.

...de los conflictos sentimentales de las muchachas que a veces llegan a convertir las reuniones del grupo en el consultorio de Elena Francis.

...de los cuidados especiales de mi guachimán Papito, los abrazos de Capitán, las sonrisas de complicidad de Mildrid cuando me llama loquita,… y una larga lista que se vio interrumpida cuando mi padre fue a reunirse con mi Padre para seguir cuidándome juntos.

Pero para que este momento fuera lo menos duro y doloroso posible estuvisteis todos conmigo: familia, amigos y conocidos; “los de siempre” (que ya hemos pasado juntos mas de una ¡y de dos!) y los que empezamos a conocernos; los próximos y los más alejados, españoles, ecuatorianos y dominicanos. A todos y cada uno de vosotros GRACIAS porque quisisteis haceros presentes en un momento tan especial, porque desde cada uno de vuestro ser me hicisteis las mil y una formas en que se puede expresar el cariño, gracias por vuestras palabras, vuestras manos extendidas, vuestros brazos abiertos, vuestro acompañamiento.

Sé que no merezco ninguno de estos regalos, por eso quiero decir: gracias Padre y gracias papá por enseñarme lo que es el AMOR.