DOCUMENTACIÓN

   

ECLESIALIDAD DE OCASHA-Cristianos con el Sur

(OCASHA-CcS)

El encuentro en que se aprobaron las modificaciones y el documento final sobre la Eclesialidad de OCASHA-CcS tuvo lugar el día 6 de marzo de 1999. Casualmente, ese día, hace 40 años, recibía el crucifijo en la Basílica de El Pilar, en Zaragoza, el primer grupo de OCASHA que salía a destino.

La reunión, pues, comenzaba con el recuerdo de esta coincidencia, con la acción de gracias por aquellas mujeres (alguna de las cuáles participaba también en este encuentro) pioneras, anticipadas, abiertas a Dios y con la petición de que el Espíritu de Dios siga animándonos a todos a continuar en este camino. Que así sea.


Í N D I C E

Presentación

El porqué de este documento.

  1. Situarnos ante una realidad social y eclesial.
  2. Sistematizar la andadura y reflexión de OCASHA-CcS.
  3. Reflejar las líneas fundamentales que configuran nuestro ser Iglesia.
  4. Mostrar lo que somos y hacemos a los que se acercan a nosotros.

Estructura del documento.

I. LA ANDADURA ECLESIAL DE OCASHA-CcS

  1. La respuesta a una llamada.
  2. Una asociación pionera.
  3. La opción por los pobres.
  4. Identidad laical.
  5. Equipos.
  6. Los campos de actuación.
  7. La forma jurídica.

II. DÓNDE ESTAMOS EN LA IGLESIA

  1. OCASHA-CcS, una respuesta de Iglesia a un mundo injusto.
  2. Miembros activos de una Iglesia universal y plural.
  3. Trabajando por una Iglesia que crece en esa respuesta a un mundo injusto.
  4. Con una presencia y una tarea en el Norte y en el Sur.

III. LOS CUESTIONAMIENTOS ECLESIALES DE CARA AL FUTURO DE OCASHA-CcS

  1. OCASHA-CcS y la “explosión” de la cooperación.
  2. Relación con otras organizaciones eclesiales misioneras.
  3. Temas que afectan a nuestro carisma misionero


PRESENTACIÓN

EL PORQUÉ DE ESTE DOCUMENTO

Este documento nace de la reflexión de los miembros de OCASHA-CcS ante varias cuestiones que se nos plantean como asociación:

a) Situarnos ante una realidad social y eclesial

En un mundo en que los cambios se han acelerado hasta velocidades insospechadas y en el que hay una notable confusión sobre los más diversos temas, en una sociedad que ha perdido muchos valores y parece no saber encontrar otros alternativos sino meros sucedáneos, es preciso que nos paremos a reflexionar, porque nosotros también participamos de estas realidades y nos afectan. Vivimos actualmente un gran problema de indefinición en muchos ámbitos de la sociedad. La Iglesia y sus asociaciones no somos ajenas a ello.

En el ámbito eclesial y en el mundo de la cooperación para el desarrollo hay también un cúmulo de temas por definir y aclarar y una cierta crisis de identidad. En este documento nos centraremos en los aspectos eclesiales. Algunos puntos controvertidos a este nivel son:

  • Vivimos una época de cristianismo “nominal”. Faltan ideas claras sobre lo que tiene que ser hoy la evangelización, que en el Sur no puede quedar reducida a un mero desarrollismo.
     
  • Hay un marcado antiinstitucionalismo (eclesial y general) hipercrítico y poco propositivo de alternativas.
     
  • No faltan los conflictos con la jerarquía, incluso sobre su propia esencia, su servicio y su constitución.
     
  • Es fácil perderse y diluirse en la maraña de organizaciones de todo tipo que trabajan por los pueblos del Sur.
     
  • Es necesario profundizar en la figura del misionero laico y clarificar su especificidad dentro del mundo de la cooperación y dentro de la misma Iglesia
     
  • Es necesario profundizar en las motivaciones que mueven al laico misionero o voluntario cristiano. Podría ser un tema más específico de “espiritualidad misionera”, pero creemos que en este documento hay que apuntar algo al respecto, porque atañe al corazón mismo de nuestra acción.

b) Sistematizar la andadura y reflexión de OCASHA-CcS

OCASHA-CcS comenzó su andadura hace más de 40 años. Ha habido mucha vida, muchas experiencias, mucha reflexión en estos años. Queremos sistematizarlas y hacer entre todos una síntesis que enriquezca la vida de la asociación y que la oriente en estos tiempos de indefiniciones, cambios y nuevos cuestionamientos.

Ya hemos reflexionado sobre nuestros “Rasgos de identidad” y sobre el “Modelo de cooperación” de OCASHA-CcS. El fruto no ha sido tanto documentos teóricos, planes o diseños, como la plasmación de nuestra realidad, de lo que somos, hemos sido y queremos ser. Ahora añadimos esta nueva reflexión sobre “La eclesialidad” de OCASHA-CcS.

c) Reflejar las líneas fundamentales que configuran nuestro “ser Iglesia”

OCASHA-CcS es una asociación de creyentes cristianos que quiere reflexionar sobre su manera de “ser” Iglesia y de “estar” en la Iglesia, para que ese “ser y estar” le ayuden a ser cada vez más fiel al mensaje liberador de Jesucristo.

La pluralidad y diversidad de opciones de los miembros de OCASHA-CcS es uno de nuestros más característicos rasgos de identidad. Esta pluralidad la entendemos como una riqueza y como un signo que expresa la realidad social y eclesial de nuestro tiempo. Dentro de los elementos que dan unidad a esta diversidad, OCASHA-CcS, desde su origen y a lo largo de su experiencia misionera, se ha identificado con una forma concreta de ser Iglesia desde la realidad y necesidades de los más pobres y a través de un determinado estilo de actuación. Esta forma de ser Iglesia la queremos reflejar en estas páginas.

d) Mostrar lo que somos y hacemos a los que se acercan a nosotros

Queremos que los documentos “RASGOS DE IDENTIDAD”, “MODELO DE COOPERACIÓN” y somos y hacemos a quienes se dirigen a nosotros, fundamentalmente:

  • Las personas que se acercan a OCASHA-CcS en busca de un cauce para cooperar con los países del Sur, procedentes de distintos ambientes y con muy diversas experiencias y referencias eclesiales.
     
  • Los grupos, comunidades o diócesis de España que van a apoyar el envío de voluntarios cristianos éste sobre “ECLESIALIDAD” de OCASHA-CcS sean una expresión clara que permita conocer lo que. a través de OCASHA-CcS.
     
  • Los grupos, comunidades, instituciones o diócesis del Sur que piden equipos de OCASHA-CcS para colaborar en sus proyectos.

 

DOCUMENTO

OCASHA-CcS, UNA ASOCIACIÓN QUE EVOLUCIONA

EN UN MUNDO Y UNA IGLESIA QUE EVOLUCIONAN

 

La evolución con los tiempos, la sociedad y la Iglesia ha sido una constante de OCASHA-CcS. Esta evolución, como un recorrido vital, puede ser el eje que articule la presentación de este documento. Uno de los rasgos más nuestros es “ser de goma”, no sólo como personas sino también como asociación: manteniendo nuestra naturaleza y las características que nos identifican en lo que somos, adaptarnos, cambiar, evolucionar según lo hacen las necesidades del mundo en el que queremos vivir, estar insertos y trabajar.

I. LA ANDADURA ECLESIAL DE OCASHA-CcS

1. - LA RESPUESTA A UNA LLAMADA

En 1957 el entonces arzobispo de Zaragoza y presidente de la Comisión Episcopal Española Hispanoamericana, Casimiro Morcillo González, recibía del papa Pío XII el encargo de promover el envío a las diócesis más necesitadas de América Latina de laicos cristianos comprometidos que colaborasen en la enseñanza y ayuda de todo orden que fuese necesaria en cada diócesis donde se cooperara. Existía el antecedente de la OCASHA-CcSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana), que desde 1948 venía enviando sacerdotes diocesanos a las Iglesias latinoamericanas.

El arzobispo Morcillo transmitió este deseo del Papa a un grupo de mujeres de la Acción Católica, entre ellas Conchita Sanchiz. Ella se convertiría en el alma fuerte que dio estructura a la “Obra de Cooperación Apostólica Seglar Hispanoamericana (OCASHA)”, hoy OCASHA-Cristianos con el Sur. Eligió el nombre inspirándose en el de la OCASHA-CcSHA ya existente. Los primeros equipos fueron constituidos por mujeres miembros de la Acción Católica.

El mismo arzobispo Morcillo dio a conocer a los obispos latinoamericanos la OCASHA naciente.

Así fue el nacimiento de OCASHA-CcS: surgió como encargo de la jerarquía, todas las mujeres que formaron sus primeros equipos se sentían profundamente cristianas y enviadas por la Iglesia española y las demandas a las que se respondía eran las formuladas por los obispos latinoamericanos.

A lo largo de los años el agente que efectúa la “llamada” ha ido cambiando. Las solicitudes procedían de cualquier instancia eclesial, con la aprobación del obispo de la diócesis solicitante. Últimamente las solicitudes pueden venir de instancias no eclesiales, pero el contenido de las mismas debe ser conforme al modelo de cooperación de OCASHA-CcS. OCASHA-CcS ha ido abriéndose desde la presencia en proyectos intraeclesiales hasta proyectos no necesariamente confesionales pero siempre orientados a la construcción del Reino.

La motivación de fondo sigue siendo la misma: la respuesta desde la fe en el Dios que Jesús nos revela a una llamada, a una solicitud, que nos llega a través de múltiples bocas.

2.- UNA ASOCIACIÓN PIONERA

OCASHA fue pionera en la Iglesia española. Abrió un cauce al laicado para asumir su compromiso misionero con el Sur. Esto, que hoy puede parecer normal, no estaba tan claro en unos tiempos en que el Concilio Vaticano II ni siquiera había sido convocado.

En los años 60 OCASHA fue haciéndose un sitio como asociación misionera dentro de la Iglesia española. Hubo de adaptarse, además, a los nuevos aires que llegaban procedentes del Concilio, el cuál provocó numerosos cambios tanto en España como en América Latina.

Hoy OCASHA-CcS quiere seguir siendo testimonio vivo en el entendimiento del compromiso cristiano con el Sur como una opción, un estilo de vida y de presencia serios y exigentes, frente a otras opciones más temporales, más parciales o que priman más otras actitudes como la eficacia a corto plazo, la profesionalización como criterio fundamental, el oportunismo,...

3. - LA OPCIÓN POR LOS POBRES

OCASHA colaboró desde su origen con las diócesis más necesitadas de América Latina. Su opción ha sido desde el inicio por los pobres, por las áreas rurales, los barrios marginales,...

En los años 70 América Latina vio cómo en el seno de su Iglesia nacía la llamada Teología de la Liberación, que era una manera de releer la realidad y la Historia de la Salvación en función de las graves desigualdades que sufría el continente, a las cuáles se intentaba dar una respuesta tomando partido inequívoco por los más pobres.

También de esta década data la encíclica “Evangelii Nuntiandi” (1975) de Pablo VI, fundamental para entender la labor misionera de la Iglesia a la luz del Concilio Vaticano II.

Y también de esta época son la Conferencia de Medellín (1969) y la Conferencia de Puebla (1979). Ambas fueron dos hitos fundamentales en el caminar de la Iglesia Latinoamericana y dos referentes importantes para la Iglesia Universal.

La opción inicial por las diócesis más pobres de América Latina, concreción de la opción evangélica por los pobres, no ha cambiado en OCASHA-CcS. La solidaridad y la fraternidad desde Jesús y desde la justicia de Dios, la opción por los más pobres, la inserción de vida, no sólo de trabajo, en la comunidad de origen y en la de destino, el no tener proyectos propios sino apoyar aquellos proyectos locales para los que solicitan nuestra cooperación,... (ver “Modelo de cooperación” y “Rasgos de identidad”), todo eso que es lo básico no ha cambiado en lo esencial, pero ha ido adaptándose, enriqueciéndose y cuestionándose desde los planteamientos de la Teología de la Liberación, de la “Evangelii Nuntiandi”, de Medellín y Puebla y de toda la reflexión eclesial y social de estos últimos años. OCASHA-CcS ha acogido todos estos planteamientos surgidos sobre todo de la propia Iglesia Latinoamericana, se ha dejado cuestionar por ellos y ha ido interiorizándolos.

A finales de los 80 se enviaron los primeros equipos a África (Ghana y Guinea Ecuatorial). Posteriormente ha habido y hay intentos de seguir manteniendo la presencia en este continente (Chad, Mozambique).

Aunque en su origen OCASHA se orientó muy claramente hacia América Latina, las necesidades de cooperación y evangelización que se plantean desde África han hecho a OCASHA-CcS abrirse a este continente. Se trata de otra realidad, otro tipo de problemas, otros planteamientos, otra clase de presencia, que nos obligarán como personas y como asociación a convertirnos y a cambiar. Es una opción relativamente reciente para OCASHA-CcS pero es un reto que, como asociación y como Iglesia, tenemos ahí.

Hoy seguimos atentos a la realidad de los más pobres y a la reflexión desde los países del Sur y nos cuestionamos el papel que como Iglesia debemos tener en la actual coyuntura neoliberal, de exclusión, de eliminación de los pobres y no de la pobreza,...

4. - IDENTIDAD LAICAL

OCASHA-CcS en su andadura ha ido reafirmando como asociación su propia identidad y especificidad laicales.

Durante su trayectoria la asociación siempre fue optando por una identidad específicamente laical en la estructura, toma de decisiones, funcionamiento, proceso de formación, estilo,... En unos tiempos en que no era reconocido el papel del laicado, -menos aún el de la mujer-, en que no era fácil que una mujer hiciese opciones misioneras como laica y no como religiosa, en que una opción de este tipo condicionaba muchas cosas en el ámbito personal, social, laboral, afectivo,... aquellas primeras mujeres que crearon e hicieron crecer OCASHA mantuvieron su ser de laicas, de cristianas comprometidas desde el día a día de la vida “de a pie”.

También en los destinos la labor de los equipos de OCASHA-CcS tiene como uno de sus objetivos la promoción de laicos del lugar para que ellos puedan asumir cuanto antes, desde su identidad, realidad y cultura, el protagonismo de su desarrollo.

En OCASHA-CcS pensamos que como laicos nuestra labor misionera y de cooperación tiene un estilo específico. Nuestra presencia, nuestra vida, nuestro trabajo en ambientes laicos y desde nuestro ser de laicos creemos que aportan a la gente con la que convivimos una visión específica del Evangelio y del mensaje de Jesús.

5. - EQUIPOS

Una constante en la historia de OCASHA-CcS ha sido el enviar siempre equipos, no individuos aislados. La conformación de estos equipos ha ido cambiando con los años.

Inicialmente todos los equipos eran de mujeres. A finales de los años 70 fueron incorporándose algunos matrimonios que diversificaron y enriquecieron la asociación. Posteriormente fueron incorporándose equipos de hombres y, finalmente, también equipos mixtos.

La evolución a este nivel ha sido, pues, hacia asumir en la asociación y en los equipos la realidad social, relacional, afectiva, sexual,... que como personas y como laicos tenemos. Todos estos elementos se trabajan con profundidad y se tienen muy en cuenta a la hora de formar los equipos y dentro del proceso de preparación para el envío.

6. - LOS CAMPOS DE ACTUACIÓN

Los proyectos, que inicialmente eran de enseñanza, pastoral, salud y promoción femenina, han ido diversificándose, atendiéndose hoy cualquier área que tenga que ver con la promoción de personal del lugar y con la construcción de un mundo más conforme con el Reino de Dios. Se trabaja en campos muy diversos, desde la pastoral parroquial hasta el trabajo por la paz en zonas de violencia, pasando por educación, salud, agropecuaria, mujer, radiodifusión, niños de la calle,...

7. - LA FORMA JURÍDICA

OCASHA fue erigida canónicamente por la Conferencia Episcopal Española como Asociación Pública de fieles laicos para la “cooperación en la promoción y liberación integral del hombre en los países del Sur”. Está vinculada a la Comisión de Misiones de la Conferencia Episcopal Española.

Desde 1987 está constituida también como organización no gubernamental para el desarrollo (ONGD) y es miembro de la Coordinadora Española de ONGDs y de diversas federaciones de ONGDs de ámbito autonómico, nacional e internacional. Sus objetivos básicos son “cooperar en proyectos de promoción, desarrollo y pastoral, preparar y proporcionar personal laico adecuado y promover en España la necesidad de cooperación con los pueblos del Sur”.

OCASHA adoptó esta nueva forma jurídica para adaptarse mejor a los nuevos aires de una sociedad democrática en la que la sociedad civil y sus organizaciones (en las que como laicos y desde nuestro compromiso de creyentes nos corresponde participar) iban ocupando su lugar.

Actualmente vivimos un gran desarrollo de las ONGs. Las hay de todo tipo y con los más diversos objetivos. Es un signo de los tiempos, con sus aspectos positivos y sus cuestionantes. En esta época surge la necesidad de definirse más claramente en el mundo de las ONGs y asociaciones de cooperación surgidas recientemente. De este momento data la actual denominación de la asociación, OCASHA-Cristianos con el Sur, como signo de su identidad cristiana y de su opción por los desheredados del Sur. De este momento data también el trabajo de estudio, síntesis y elaboración de documentos sobre el ser de OCASHA-CcS (Rasgos de identidad, Modelo de cooperación, Eclesialidad).

 

II. DÓNDE ESTAMOS EN LA IGLESIA

1. - OCASHA-CcS, UNA RESPUESTA DE IGLESIA A UN MUNDO INJUSTO

A pesar del extraordinario progreso científico, tecnológico y económico, siguen sin alcanzarse los niveles mínimos de dignidad y humanidad para todos los habitantes del planeta. Las desigualdades que existen se hacen insostenibles en los países empobrecidos del Sur. La mayoría subsiste en la más absoluta pobreza y se da lugar a situaciones de muerte, hambre, enfermedad, analfabetismo, guerras interesadas, desplazados y refugiados, emigración,... En el Norte, lejos de esforzarnos por equilibrar este mapa de injusticia y desigualdad, generamos programas de ayuda que, amparados en instituciones internacionales, se convierten en un negocio para los donantes y en políticas de ajuste estructural para los receptores. Los países del Sur también tienen su propia responsabilidad, y en ellos la situación de injusticia se ve potenciada por gobernantes corruptos y minorías privilegiadas.

Por eso es necesaria la cooperación sin crear dependencias, que parta de las necesidades reales y de la cultura local. Desarrollo no necesariamente significa tener más, ni siquiera vivir mejor, tal y como las sociedades del Norte lo entienden al identificarlo con riqueza y consumo. La cooperación para el desarrollo la entendemos como el conjunto de iniciativas y procesos que tienen como objeto la mejora de las condiciones de vida de los pueblos, siempre que recuperen la capacidad para resolver los problemas por sí mismos. Creemos que el desarrollo integral requiere equilibrar todos los factores que contribuyen al bienestar de la persona y la sociedad, como la economía, la cultura, la justicia, la política y la dimensión trascendente y espiritual del ser humano. Y ha de ser un desarrollo sostenible, que permita a todos los hombres y mujeres, de hoy y de las futuras generaciones, una vida digna, sin derroches, sin destruir los recursos del planeta para obtener beneficios inmediatos.

La opción de OCASHA-CcS ante esta realidad es, interpelados por ella y movidos por la fe en el Dios que Jesús nos revela, acompañar los procesos de liberación integral de los pueblos oprimidos del Sur, anunciando la Buena Noticia de Jesús y colaborando en la construcción del Reinado de Dios. En coherencia con la praxis de Jesús, a la par que anunciar, vemos necesario denunciar aquí y allí esta realidad y sus causas, identificar sus víctimas y sus beneficiarios, para que pueda cambiar. Nuestra presencia en el Sur, aparte de cooperación y solidaridad, tiene que ser en el Norte denuncia y altavoz, interpelación a quienes viven ignorantes y ajenos a esas realidades. Tenemos que ser ojos y oídos en ese cuerpo que es la Iglesia, informar a nuestras comunidades de origen de la situación que palpamos en los países del Sur.

Como asociación de Iglesia queremos incidir en ese eje de injusticia norte-sur apoyando en el Sur las iniciativas del Sur, y denunciando en el Norte esa injusticia estructural que tiene su origen fundamentalmente en el propio Norte, así como ciertas formas de cooperación (también dentro de la Iglesia) que se hacen únicamente desde planteamientos reformistas o asistencialistas, sin atender a la raíz de los problemas y entrando en el juego del “mercado de la solidaridad”.

2. - MIEMBROS ACTIVOS DE UNA IGLESIA UNIVERSAL Y PLURAL

El rasgo básico que nos define como asociación de laicos dentro de la Iglesia es el haber sentido más específicamente la llamada a anunciar la Buena Noticia de Jesús y a trabajar por el Reinado de Dios a través de la solidaridad con el Sur y, más en concreto, a través de nuestra vida y nuestra labor en esos países del Sur durante unos años. Esto nos identifica eclesialmente como misioneros laicos. Por estar reconocida OCASHA-CcS como ONG de cooperación para el desarrollo, también somos reconocidos como cooperantes, pero nuestra cooperación (ver “Modelo de cooperación”) es desde la solidaridad, la justicia y la verdad entendidas al estilo de Jesús.

Dentro de esta matriz cristiana de origen, la pluralidad de los miembros de OCASHA-CcS es uno de nuestros rasgos de identidad: venimos de distintos ambientes y con muy diversas experiencias y referencias eclesiales, pero todos nos sentimos llamados por el Dios que Jesús nos revela. De cualquier forma, esta pluralidad eclesial no nos viene dada sólo por el “origen”, sino también por el “destino”. Nuestra presencia en los países del Sur es muy diversa según la realidad social, cultural, económica,... y eclesial en la que nos insertamos y con la que nos comprometemos.

Al no tener proyectos propios sino integrarnos en acciones de la comunidad y de la Iglesia local a la que llegamos a servir y trabajar, tenemos que asumir también como nuestra esa realidad de destino. Nuestra identidad eclesial como asociación y como personas es, pues, también “del Sur”, y vivimos por ello intensamente la dimensión universal de la Iglesia, a la que no queremos tan europeizada y occidentalizada en un mundo tan diverso.

3. - TRABAJANDO POR UNA IGLESIA QUE CRECE EN ESA RESPUESTA A UN MUNDO INJUSTO

Nuestra respuesta a esta realidad mundial de injusticia y muerte tiene su origen e inspiración en nuestra fe en el Dios que Jesús nos revela y en nuestro sentirnos comunidad de creyentes (=Iglesia). Esto, a su vez, influye en el tipo de Iglesia (=comunidad) que queremos contribuir a construir.

Nos sentimos, pues, parte de la Iglesia, pero nuestra vida y nuestra experiencia en el Sur nos hacen ver claros unos rasgos concretos que deben definir a una Iglesia que sea fiel seguidora de Cristo, viva los valores del Evangelio y opte por los pobres. En nuestro ser como asociación y como Iglesia trabajamos por construir esa Iglesia:

  1. Una Iglesia solidaria y testimonialmente pobre, inserta vitalmente en las realidades, que ve, piensa y habla desde el lugar del pobre, seguidora del mensaje de Jesús y comprometida con la liberación de los empobrecidos, oprimidos y excluidos del mundo.
     
  2. Una Iglesia multicultural e inculturada en la que la diversidad de imágenes, lenguajes y expresiones de la Fe nos enriquecerán y ayudarán a encontrar nuevos caminos para acercarnos a Dios.
     
  3. Una Iglesia cristiana, desde Jesús, el Cristo, que habla a los hombres desde la encarnación, la cercanía, la comprensión, más que desde el dogma; que habla desde la Palabra hecha carne, más que desde la Palabra-ley.
     
  4. Una Iglesia de vanguardia, presente en las nuevas pobrezas y marginaciones que la sociedad va creando. Y presente no sólo para “paliarlas”, sino también para proponer alternativas y soluciones a las mismas y a las causas que las generan.
     
  5. Una Iglesia profética y libre, que denuncia sin miedos y sin alianzas con el poder las verdaderas causas de la injusticia, la pobreza y la marginación.
     
  6. Una Iglesia con carismas, pero con carismas para el servicio y no para el poder. Una Iglesia participativa, comunitaria,... no tan jerarquizada y clericalizada. Somos conscientes de que el papel de los laicos, hombres y mujeres, en la Iglesia puede y debe ser otro y nos cuestiona la imagen tan jerárquica y excluyente que ofrece la Iglesia, tanto en el Norte como en el Sur.
     
  7. Una Iglesia no centrada en sí misma, sino abierta a la sociedad y atenta a los signos de los tiempos. Una Iglesia no ajena al mundo, sino parte de él y elemento transformador del mismo.
     
  8. Una Iglesia unida pero no uniforme. Hay una pluralidad dialéctica de estilos de vivir el ser Iglesia. Esa diversidad enriquece e interpela a la Iglesia en su conjunto, la cuál debe saber fomentar esa unidad dinámica, en movimiento, con multitud de posibilidades de hacer presente el Reinado de Dios en el mundo.
     
  9. Una Iglesia comprometida con la defensa de la Naturaleza –Creación de Dios- y el respeto al medio ambiente.
     
  10. Una Iglesia comprometida con el ecumenismo y en un proceso de encuentro con otras religiones a través de las que también se nos revela Dios.

 

4. - CON UNA PRESENCIA Y UNA TAREA EN EL NORTE Y EN EL SUR

4.1 En nuestras comunidades de origen:

Nuestra vocación misionera nace y crece en una comunidad cristiana en la que madura nuestra fe y en la que se inicia nuestro compromiso. Nuestro testimonio de vida y nuestras opciones concretas en la comunidad son los primeros pasos del proceso que nos lleva al compromiso misionero. No entendemos un compromiso en lo lejano cuando antes no ha habido un compromiso en lo cercano.

Salimos enviados por nuestra Iglesia local a través de nuestras propias comunidades. Y mientras estamos en misión hacemos partícipe a la comunidad de origen de nuestra experiencia misionera. La comunidad es también motor del compromiso misionero y vive, a través de cada uno de nosotros, esta experiencia de solidaridad con otros pueblos, con otras comunidades de América Latina y África. No somos francotiradores, somos enviados por una comunidad, por un grupo, por una Iglesia.

Durante los años por los que somos enviados como misioneros somos también misionados, recibimos muchos valores que nos marcan como personas y que después traemos a nuestras comunidades de origen. Nuestra experiencia del mundo empobrecido y de compartir vida y esperanzas con sus gentes nos urge a transmitir a nuestras comunidades de origen la situación de injusticia que vivimos a escala mundial, que nos exige una respuesta eclesial acorde con la vocación de ser, como Iglesia, sacramento universal de salvación. Es parte de nuestro compromiso misionero el compartir la experiencia vivida, contarla, transmitirla, definirla, dar voz y presencia a través de nosotros a las comunidades de los países del Sur. Y por ello es parte de nuestro compromiso el colaborar en la animación misionera en nuestro lugar de origen.

Nuestra reinserción en la Iglesia local al regreso es difícil: hemos vivido unas experiencias muy diferentes, nos hemos identificado con unas formas distintas de ser Iglesia, hemos caminado normalmente en una dirección distinta a la de nuestra Iglesia de origen. Esto genera desconcierto, tensiones, desilusiones,... Es difícil verter los valores y la experiencia vividos en el Sur en nuestras comunidades de origen. Es un desafío que tenemos a un doble nivel:

  • Individualmente, enriqueciendo nuestro entorno familiar, social, eclesial, con los valores que hemos recibido en el Sur.
     
  • Como institución, OCASHA-CcS tiene el desafío de transmitir en la Iglesia española la radicalidad evangélica vivida en la misión, esa forma de ser Iglesia comprometida con los pobres.

4.2 En las comunidades que piden nuestra colaboración:

El carisma de la solidaridad con las comunidades del Sur nos enseña que no vamos a resolver los problemas, sino a cooperar y acompañar los procesos de desarrollo integral que están en marcha. En este sentido, los desafíos que desde el Sur se nos plantean son:

  1. Dar testimonio de nuestra fe, nuestra esperanza y del amor que hemos recibido; mostrar con nuestra vida que somos cristianos y por qué lo somos; mostrar que es posible la vida cristiana en toda su profundidad y radicalidad en el servicio concreto, en la sencillez y la alegría del diario vivir.
     
  2. Apertura a los demás, estar dispuestos a recibir. No sólo por la conciencia de las propias limitaciones que puede tener toda persona madura, sino sobre todo por el reconocimiento de los valores del otro. Esto puede no ser tan fácil cuando se viene de Europa, de una cultura que se considera a sí misma superior. Es muy fácil caer en la trampa de creer que es uno el que viene a enseñar o a dar, cuando la realidad es que vamos a compartir. Los pueblos del Sur, en medio de su pobreza y subdesarrollo económico, poseen riquezas que nosotros hemos perdido o no conocemos.
     
  3. Desafío de realizar un esfuerzo de inculturación. La cultura europea impuesta sobre todo a los pueblos de América Latina ha sido asimilada, procesada, transformada, reeditada de muchas maneras. Esto, unido a las peculiaridades de las culturas originarias, ha producido una originalidad y diversidad cultural que debemos tener en cuenta, valorar y respetar.
     
  4. Desafío de hacer un acercamiento respetuoso y confiado, con sencillez, como el que sirve, no como el que enseña y reparte, creando una ligazón profunda entre el misionero y la comunidad que le recibe; manteniendo un diálogo y comunicación permanentes, atentos a lo que podamos ofrecer y recibir de ese convivir con nuestra nueva comunidad.
     
  5. Respeto a la labor realizada por los que nos precedieron; asumir que no somos principio ni fin de nada, sino parte de un proceso al que debemos incorporarnos para aportar desde dentro, sin violentar ritmos, con la conciencia de pisar “tierra sagrada”.

Normalmente nos integramos en las Iglesias locales de destino con un papel activo y en estrecha relación con los responsables de sus distintas áreas de pastoral. Lo más frecuente es que los equipos sean solicitados por entidades cada vez más locales (parroquias, grupos, organizaciones,...) habitualmente en línea con la pastoral de la diócesis. En las relaciones –no exentas de tensiones y conflictos, como en toda relación- que se establecen entre los equipos, la comunidad local y los responsables del proyecto, los equipos de OCASHA-CcS tienen como criterio respetar con espíritu crítico la dinámica de la Iglesia y la comunidad local y coordinarse e integrarse en ellas.

III. LOS CUESTIONAMIENTOS ECLESIALES DE CARA AL FUTURO DE OCASHA-CcS

1. - OCASHA-CcS Y LA “EXPLOSIÓN” DE LA COOPERACIÓN

OCASHA-CcS desarrolla desde hace años en España una labor de concienciación, denuncia, educación para la solidaridad, preparación de voluntarios,... OCASHA-CcS se siente llamada a colaborar con las demás instancias eclesiales en estas labores de animación misionera, educación para la solidaridad, denuncia de la situación de los países del Sur,...

Aunque se avanza en ello, faltan cauces eclesiales claros y fluidos para esta colaboración. Se hace lo que se puede en el ámbito de las Delegaciones Diocesanas de Misiones, coordinadoras y otros grupos, pero el hecho es que en los últimos años han surgido múltiples asociaciones de inspiración cristiana, casi siempre al abrigo de algún movimiento, orden o congregación religiosa, sin que se pueda hablar de unas líneas orientadoras mínimamente comunes y sin una mínima coordinación que relacionen entre sí las diferentes alternativas. Falta información de unas asociaciones sobre otras. Faltan interés y/o recursos para mantener una coordinación más eficaz. Se puede ver de todo, desde una colaboración estrecha hasta una cierta “competencia” por los recursos (humanos y económicos) entres las propias organizaciones eclesiales.

En este panorama eclesial OCASHA-CcS puede aportar a la Iglesia española:

  • Un cauce serio y exigente de cooperación con el Sur desde un compromiso previo, un proceso intenso de formación y un discernimiento profundo de las motivaciones.
     
  • La experiencia y el testimonio de sus miembros, para acercar a nuestras Iglesias del Norte la situación del Sur.
     
  • La experiencia de sus grupos de zona y de sus miembros en animación misionera, educación para la solidaridad,...

Dentro de este afloramiento de grupos hemos recibido sugerencias de poner al servicio de los que van a salir a destino nuestra experiencia en la formación de los voluntarios. Ya se han dado algunos pasos como la colaboración en la Escuela de Misionología, pero se nos van pidiendo cosas más específicas y concretas de cara a la formación de los laicos que salen a cooperar en proyectos de Iglesia enviados por sus diócesis, grupos, movimientos, etc. Son nuevas situaciones, nuevas demandas que tenemos que ir evaluando.

2. - RELACIÓN CON OTRAS ORGANIZACIONES ECLESIALES MISIONERAS

OCASHA-CcS mantiene una relación orgánica con la Conferencia Episcopal Española a través de la Comisión Episcopal de Misiones, ya que OCASHA-CcS es una asociación canónica de carácter público. La Comisión Episcopal de Misiones apoya también económicamente y con la cesión de locales a OCASHA-CcS. El diálogo y cooperación mutua pueden intensificarse y profundizarse, incidiendo especialmente en los temas de promoción, preparación y apoyo al laicado misionero.

Con la Delegaciones Diocesanas de Misiones la relación varía en cada caso concreto. Miembros de OCASHA-CcS colaboran en diversas Delegaciones Diocesanas de Misiones. Los voluntarios de OCASHA-CcS generalmente salen enviados y apoyados por sus Delegaciones Diocesanas de Misiones. Hay que hacer un esfuerzo para lograr un aumento y unificación del apoyo de las Delegaciones de Misiones.

Consideramos importante la integración en plataformas de coordinación y animación misionera para trabajar en ellas, apoyando su funcionamiento y aportando nuestra perspectiva de laicos y nuestra experiencia.

3. - TEMAS QUE AFECTAN A NUESTRO CARISMA MISIONERO

La dimensión misionera de la Iglesia se ha vivido de diferentes formas a lo largo de la historia. En el momento actual hay una serie de cuestionamientos de cara a la acción misionera que tenemos que tener presentes:

1. En nuestra época coexisten de una forma extraña la tendencia generalizada a la globalización y un creciente individualismo que produce un encerramiento en esferas cada vez más reducidas de relación social y lleva a la generación de un sin fin de excluidos.

En el ámbito eclesial, en el Norte la increencia, la pérdida de la fe, la disminución de la práctica y el compromiso religiosos, hacen que se potencie la misión “ad intra”, hacia dentro de las propias comunidades cristianas o de la propia sociedad del Norte. Hay un peligro de encerramiento en sí mismas de las comunidades o Iglesias del Norte. Sin la misión “ad gentes”, hacia fuera, la misma Iglesia perdería un aspecto fundamental de su propio ser.

Tanto la misión “ad gentes” como la nueva evangelización y como la acción pastoral de la Iglesia están íntimamente relacionadas, se influyen entre sí, se estimulan y se ayudan. En nuestras Iglesias de origen debemos tener esto muy en cuenta y potenciar la dimensión de globalidad e interrelación de los problemas del mundo, de la solución a los mismos y de la acción evangelizadora de la Iglesia.

2. Tradicionalmente la misión ha supuesto un movimiento del Norte hacia el Sur. Los países de “antigua cristiandad”, fundamentalmente el occidente europeo, enviaban misioneros a África, América Latina y Asia. Sin embargo, se van abriendo paso experiencias de misión Sur-Sur e incluso Sur-Norte. Esto va haciendo cada vez más palpable una forma de entender y vivir la misión –en la que encaja el estilo de OCASHA-CcS- como “puente entre Iglesias”, como un compartir, un intercambio, un enriquecimiento mutuo.

Esto debe abrirnos a recibir de otra manera los planteamientos, interpelaciones, experiencias, testimonios, presencia y ayuda de nuestros hermanos del Sur, también en el ámbito eclesial. A nosotros nos corresponde participar en esa labor de “puente” para facilitar un ambiente receptivo en nuestras Iglesias a esa acción misionera de nuestros hermanos del Sur sobre los “cristianos viejos” del Norte y sobre la Iglesia Universal en general.

3. En los últimos 40 ó 50 años se ha ido abriendo camino progresivamente el tema de la cooperación para el desarrollo. La sociedad ha ido creando sus propios espacios de participación a este nivel, fundamentalmente a través de las ONGDs. La actividad misionera de la Iglesia en muchos casos había tenido, y tiene, una fuerte componente de promoción y desarrollo. Hoy día, ante esta nueva realidad, la Iglesia se ve urgida a plantearse:

  • Por un lado la necesidad de relacionarse y colaborar con otras muchas instituciones dentro de este panorama de la solidaridad y el desarrollo.
     
  • Y por otro lado la reflexión sobre el papel y la especificidad de la misión y de los misioneros (laicos, religiosos, sacerdotes,...) (Ver “Modelo de Cooperación”).

4. La actividad misionera de la Iglesia, a pesar de sus deficiencias y limitaciones, aporta muchos testimonios positivos de lucha por la justicia, de compromiso con los más marginados, de denuncia de las situaciones de opresión e injusticia: pensemos en los misioneros de Chiapas, El Salvador, Brasil, Timor, África en general,... Esta faceta profética y de denuncia debe ser consustancial al ser cristiano. La Misión no puede reducirse a un asistencialismo acrítico y mudo. El Reinado de Dios pasa por la justicia y todo desarrollo que no pase por ella será un fracaso.

5. La actividad misionera de la Iglesia está dando también valiosos testimonios de ecumenismo y entendimiento por la apertura a otros credos y confesiones, cristianas y no cristianas. En el día a día, en la vida entre los pobres, entre las injusticias y el dolor, en la urgencia de la persona que sufre, en la reflexión desde el lugar del pobre, desde la periferia, se van superando los obstáculos que nacen de cuestiones dogmáticas, de teorizaciones que pretenden justificar intereses y poder, que son hechas en el centro, en lugares donde no falta de nada, sin las urgencias del sobrevivir. Este espíritu ecuménico de encuentro en el lugar del pobre debe orientar nuestra presencia en el Sur y debe estar presente en nuestro testimonio en el Norte.

6. Hay una serie de circunstancias (crisis vocacional en el Norte, mayor prestigio de la labor de los misioneros, falta de oportunidades de promoción social de gran parte de la población de los países del Sur,...) que pueden propiciar que la actividad misionera se enfoque, de manera muy forzada, a la búsqueda de vocaciones en estos países. Debemos plantearnos siempre que nuestra presencia en el Sur es desde las necesidades del Sur, definidas y manifestadas desde el Sur, no desde nuestras necesidades personales o institucionales.

7. En estos últimos años han proliferado los cauces de “envío misionero”, algunos de ellos con muy poco compromiso. Esto está produciendo una dispersión de fuerzas y una cierta devaluación de estas vías, muchas veces carentes de una adecuada preparación y discernimiento.

Hay que potenciar los cauces ya existentes y experimentados, superando personalismos y evitando crear múltiples pequeñas instituciones, grupos o programas con carismas y objetivos similares.

Dada la madurez del laicado, es conveniente que el discernimiento, la preparación y el envío se hagan a través de asociaciones de laicos misioneros. Estas asociaciones pueden estar ligadas a las diócesis, a congregaciones religiosas o bien ser autónomas. En cualquier caso, la relación de unas y otras debe ser de coordinación, apoyo y colaboración.

Debe profundizarse en la reflexión sobre las experiencias misioneras de verano o de pocos meses. Son muy cuestionables, tanto por el coste que suponen, como por el impacto que ocasionan en las comunidades en que se desarrollan, como por la generalmente escasa preparación con que se afrontan. Sin un antes y un después de la “experiencia” que sean serios y exigentes puede que en lugar de colaborar con quienes visitamos desde sus necesidades, los estemos utilizando para satisfacer las nuestras (personales, de asociaciones o eclesiales).